Y allí está él, esperándome en aquel banco, como todas las tardes de sábado, mira su móvil impaciente por verme, a mi. Me acerco poco a poco hacia él y me ve, se levanta de ese insignificante banco y me mira sonriendo, su perfecta sonrisa con el hoyuelo que se le hace en el moflete izquierdo al sonreír, se acerca más a mi hasta llegar a estar el uno con el otro cara a cara. Deja de sonreír y me besa rápidamente los labios, hipnotizándome. Paseamos por las calles, algo húmedas debido a la lluvia, soy feliz, somos felices, todo parece más fácil, pero de repente se escucha un ruido ensordecedor. – ¿Qué es eso?– Caigo de rodillas al suelo sintiendo que me estallará la cabeza en algún momento, él no hace nada, me mira y se va esfumando a la vez que ese ruido va aumentando, todo se vuelve negro y entonces abro los ojos.
Malditos sueños. ¿Quién es toda esa gente? ¿De dónde son esas calles? ¿Y quién es él?
Malditos sueños. ¿Quién es toda esa gente? ¿De dónde son esas calles? ¿Y quién es él?
Finjo que no le veo y que sí, que me voy a evaporar.
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