martes, 10 de septiembre de 2013

Despertares amargos.

Y allí está él, esperándome en aquel banco, como todas las tardes de sábado, mira su móvil impaciente por verme, a mi. Me acerco poco a poco hacia él y me ve, se levanta de ese insignificante banco y me mira sonriendo, su perfecta sonrisa con el hoyuelo que se le hace en el moflete izquierdo al sonreír, se acerca más a mi hasta llegar a estar el uno con el otro cara a cara. Deja de sonreír y me besa rápidamente los labios, hipnotizándome. Paseamos por las calles, algo húmedas debido a la lluvia,  soy feliz, somos felices, todo parece más fácil, pero de repente se escucha un ruido ensordecedor. – ¿Qué es eso?– Caigo de rodillas al suelo sintiendo que me estallará la cabeza en algún momento, él no hace nada, me mira y se va esfumando a la vez que ese ruido va aumentando, todo se vuelve negro y entonces abro los ojos.
Malditos sueños. ¿Quién es toda esa gente? ¿De dónde son esas calles? ¿Y quién es él?

Finjo que no le veo y que sí, que me voy a evaporar. 

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